miércoles, 8 de junio de 2011


Amores de turno padecen tu avaricia, dejas que sus luchas sean siempre vanas, someten su vida a tu cruel injusticia, y eligen trucar a quedar en la nada. Un árbol que deja caer pocos frutos, que ostenta a lo lejos montones de ellos, mujeres saciables no pierden su tiempo, queriendo trepar a ese vil resoluto, la luna se muestra, la niña descansa, y hay noches que un ángel alcanza sus ramas, el árbol concede todas sus manzanas, y el sol en su viaje se viste de gala, soñando poder al llegar la mañana ver a estos dos locos fundiendo sus almas. Un viernes de invierno lucio su imprudencia, la niña feliz diviso sus cortezas, noto que con ellas podía escalarlo, y subió donde pocas pudieron lograrlo, allí estaba el ángel siempre reluciente amable tomo de la mano a la dama, quien pudo por fin ubicarse en sus ramas, culminando así su acción inteligente, El ser celestial percibió en nuestra niña, dotes de grandeza y sintió que era indigno gozar privilegios que aquella debía, cedió ante su aura y con gesto benigno, bajo de aquel árbol jurando ese día, tomar solo frutos que le correspondían; existe millones de fabulas grises, no todas culminan con vino y perdices se puede jurar que no hay nada más triste que un ángel dejando la magia pudrirse.

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